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El estadio de fútbol que construyó el Ñoño Elías con la mermelada de Santos

En la mañana del 3 de junio del 2016 las calles principales de Sahagún se llenaron de policías. Sus 80 mil habitantes salieron a las aceras y llevaban una banderita de Colombia en la mano que agitaban compulsivamente ante el paso de la camioneta que llevaba a Juan Manuel Santos al estadio Armando Tuirán de Sahagún. En el césped sintético y ardiente por el calor chamuscante de los mediodías de Córdoba, lo esperaban los entonces senadores Bernardo Elías y Eduardo Tours y el gobernador del departamento Edwin Besaile, los tres de la entraña de Sahagún y del Presidente.

Cuando Santos pisó el césped recibió una ovación de los 4.600 espectadores que atestaban las gradas del nuevo estadio. Santos estaba vestido con la camiseta blanca que usaba la selección Colombia en los entrenamientos. En una de las porterías lo esperaba Armando Tuirán Paternina, el portero más importante en la historia del municipio, alguien que alcanzó a atajar en las divisiones inferiores del América de Cali. Santos tomó el balón, lo puso en el centro del área y disparó. Paternina, a sus 74 años, detuvo el penal del presidente.

El estadio Armando Tuirán era tal vez la obra cumbre que le regalaba el Ñoñismo a Sahagún. El congresista del partido de la U le había entregado, direccionando recursos del presupuesto nacional, del departamento y el municipio a su pueblo cinco parques, ciclorrutas, plazas de mercado, una terminal de transporte, uno de los acueductos más modernos de Colombia y una avenida principal revestida de palmeras. Sahagún era el eje de su proyecto político que se convirtió en una verdadera máquina de votos que coronó en la reelección de Santos, de quien solo podía llegar agradecimientos. Pero nada se comparaba con ese estadio. Era la segunda cancha sintética más grande de Colombia después de la del Alfonso López de Bucaramanga, cuatro torres de iluminación, camerinos para local, visitante y árbitros, y 5.000 metros cuadrados de espacio asignado a las vías de acceso.

En ese julio del 2016 el Ñoño era el rey de Sahagún. Recorría sus calles atestado de simpatizantes que querían darle la mano y recibir su saludo característico: Pa’lante. La primera vez que este joven ingeniero civil se casó le ofreció una parranda vallenata abierta a todo el pueblo. La gente decía que lo único que le hacía falta que le hiciera a Sahagún era un segundo piso. El estadio sería la joya de la corona.

Desde que llegó a la Cámara de Representantes en el 2006 con 40.000 votos, convirtió a Sahagún en su causa y la gente le creyó. En el 2010 llegó al senado con 74 mil votos cifra que duplicaría en el 2014 con 140 mil sufragios con la mayor votación de Colombia. Durante el gobierno Santos reinó y logró una cuantiosa mermelada, millonarios contratos que direccionó para obras en su municipio y algo en el departamento. Alcanzó lo que tantos congresistas buscan: una interacción personal con el Presidente que lo llevó incluso a compartir las alturas en el avión presidencial y a compartir con la tribuna para vitorear a la Selección Colombia.

No se ahorró un peso en la obra. El contrato para su construcción fue de $11.455.315,382 ejecutado por la Unión Temporal BERAKAH cuyo representante legal era Alfredo Ramón Bula Dumar, quien fue señalado por el exfiscal Gustavo Moreno de haber sido puesto en la dirección de FONADE para convertir la entidad en un fortín para mover su maquinaria política.

Uno de los contratos que le cuestionaron más a FONADE en la época de Bula Dumar fue el que suscribió el 17 de diciembre de 2012 con BERAKAH para construir el Armando Tuirán. El contrato tuvo 26 prórrogas y se vino a terminar, completamente, en julio del 2016, un mes después de que el presidente Santos lo inaugurara. Ni el propio Ñoño se imaginó que dos años después entraría a los mismísimos infiernos con el destape de los sobornos de Odebrecht.

No se ahorró un peso en la obra. El contrato para su construcción fue de $11.455.315,382 ejecutado por la Unión Temporal BERAKAH cuyo representante legal era Alfredo Ramón Bula Dumar, quien fue señalado por el exfiscal Gustavo Moreno de haber sido puesto en la dirección de FONADE para convertir la entidad en un fortín para mover su maquinaria política.

Uno de los contratos que le cuestionaron más a FONADE en la época de Bula Dumar fue el que suscribió el 17 de diciembre de 2012 con BERAKAH para construir el Armando Tuirán. El contrato tuvo 26 prórrogas y se vino a terminar, completamente, en julio del 2016, un mes después de que el presidente Santos lo inaugurara. Ni el propio Ñoño se imaginó que dos años después entraría a los mismísimos infiernos con el destape de los sobornos de Odebrecht.

Tomado: las 2 orillas

 

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