Otro clínic de Leo con un gol y tres asistencias, coronado con un penalti histórico: pasó el balón a Suárez en vez de disparar, copiando una jugada que ya hizo el maestro holandés.

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Messi dirige una orquesta que a veces toca como una filarmónica absolutamente académica, en la que los violines entran cuando deben; en la que la percusión es un reloj suizo que marca el tiempo; en el que los adagios son lentos y los andantes son motos. Otras veces, sin embargo, Messi dirige una banda de jazz en la que hay lugar para cualquier locura o cualquier improvisación y que es genialmente sorprendente. A veces, Messi es Wilhem Fürtwangler y cuando se siente rumboso es Thelonius Monk. Y ante dos genios como estos en una misma persona, no hay nadie que les pueda plantar cara a un equipo que es una apisonadora aunque tenga en frente a un conjunto tan bien aseado y con tan buena disposición como el Celta de Berizzo que acabó llevándose un 6-1 tras resistir durante casi una hora heroica a la orquesta de Luis Enrique.

Cuando la excelencia ya aburre, llega el momento del arte, de la imaginación y de la locura y nadie mejor que Messi, el mejor del mundo con mayúsculas, que ya convierte los penaltis que podría marcar en jugadas para la memoria. Porque elevar a histórico el quinto gol de una goleada marcado de penalti, sólo está al alcance de los elegidos.

En ese momento en el que Messi tuvo que lanzar con 3-1 el penalti, Leo se quitó sin que nadie le viera el chaqué de director de orquesta y se vistió de Charlie Parker, o de Thelonius o de Miles, lo que prefieran.Decidió que había que hacer arte y junto a su fiel escudero Luis Suárez elevó una goleada a obra de arte en un homenaje al famoso penalti que Johan Cruyff y Jesper Olsen marcaron en 1982 cuando vestían la camiseta del Ajax.

Alguien, que de todo hay en la vida, dirá que es una sobrada indigna, o una falta de respeto. No señores. Lo que hicieron ayer los jugadores del Barcelona en una segunda parte sensacional fue un monumento al fútbol en el que, como si fueran orfebres del renacimiento, cuidaron hasta los últimos detalles de la obra de arte. El penalti a dos toques, fue uno de esos.

Antes que el vendaval del Barcelona arrasara cualquier defensa de un Celta muy digno que llegaba al Camp Nou sin sus tres delanteros titulares, el partido tuvo una historia muy diferente. El Barça penó ante el gran equipo de Berizzo durante 45 minutos. El Celta, estupendamente bien puesto sobre el campo logró llegar al descanso con empate a uno y convirtiendo a Bravo en el mejor jugador del partido. El golazo de Messi de falta lo igualó Guidetti tras un penalti absurdo de Alba.

La segunda parte fue otra historia. Un ciclón imparable en el que Messi dirigía y Suárez percutía como si fuera un martillo pilón. Un vendaval de juego en el que la generosidad de Messi era más peligrosa que cualquier disparo a puerta. Leo ha encontrado la fórmula magistral del juego y en el penalti que le cedió a Suárez, tocándolo suavemente para que el uruguayo lo rematara a la red dejó un momento para la historia.




El Barcelona de Luis Enrique tiene momentos imparables en los que Messi parece el dueño de todos los elemento mientras que a su lado, Suárez y Neymar forman un tridente como no ha visto nadie. La tormenta perfecta juega de blaugrana, la dirige Leo Messi y a veces juega con frac en un teatro de ópera y otras improvisa en un sótano tocando jazz. Pero siempre es emocionante, siempre ofrece algo nuevo. Y eso, a estas alturas y con lo que hemos visto es más de lo que nadie puede imaginar.

Tomado de futbol.as.com